Abolir el tabaco y el alcohol: difícil pero posible

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Empezaré diciendo la verdad: soy un abstemio por convicción, y los pleitos sobre áreas de no fumado y niveles de alcohol al volante me tienen harto. Y desearía proponer la solución final a esos problemas: ilegalizar el tabaco y el licor, como hoy hacen con la cocaína o la marihuana. Esta última, paradójicamente, incluso menos dañina que el tabaco, según algunos estudios.

Sí, las industrias tabacaleras y licoreras arremeterían con todo su poder legal contra la ilegalización de tales sustancias. Sí, esto forzaría a miles de personas a elegir de la noche a la mañana entre el desempleo y la prisión. Sí, la medida no puede ser definitiva si dichas sustancias siguen siendo distribuidas por nuestros actuales narcotraficantes, aunque sí se reducirían notablemente. Y sí, esto causaría pérdida de impuestos, abarrotamiento de prisiones, saturación de servicios de desintoxicación y rehabilitación, y en general un descontento de buena parte de la población.

Pero los beneficios son evidentes. Menos ocurrencias de enfermedades crónicas como cáncer, cirrosis o pulmonía, por ejemplo. Disminución de los crímenes violentos, del abuso doméstico y de los accidentes de tránsito. Mejor administración del dinero por parte de los sectores más necesitados de la población.

Y aparte no es como que el alcohol y el tabaco sean necesarios. Hay chicle, cigarros de chocolate y mondadientes, hay agua oxigenada, limpiavidrios, jugo de uva, y cualquier farmaceuta sabe que hay mejores vehículos para emulsión que el alcohol.

Lo cierto es que si no han abolido estas drogas (que eso es lo que son), es por causa de la presión que ejercen el gobierno y los narcotraficantes legalizados (tabacaleras, licoreras) que ganan buen dinero (o impuestos) con la venta y distribución de dichas sustancias, y harán hasta lo imposible para no perder su fuente de fondos. No los culpo, los fabricantes de armas hacen lo mismo. Aparte de eso, el estado muy posiblemente no pueda manejar el necesario aumento de gastos. Más policías, más cárceles, más centros de rehabilitación, más campañas de concientización, y todo eso con menos impuestos.

Pero si lo hicieran (que soñar es gratis), sería un movimiento audaz. Y altamente beneficioso.