The manager’s superfluous

Estándar

Español: El gestor sale sobrando

Every artist or group with certain fame has surely been taught about the usual distribution method, namely through a manager. In this system, there are six or seven parts:

  • The author or group.
  • The production, which is in charge of creating the work; it can be a recording/movie/animation studio, post-production, etcetera.
  • The manager, who nominally is in charge of managing the other parts to have the work reach its destination.
  • The distributor, that, as the name implies, distributes the work, whether by recording it in a physical format, or by placing the digital download servers.
  • The store, digital or physical.
  • The client.
  • Depending on the market, the locator, who translates the work and occasionally adapts it for the target market. Curiously, music is seldom translated.

Well then, there’s a little big problem, and it’s that the manager often chops down expenditures to raise the earnings:

  • Making the artists to sign contracts where they surrender their rights, often paying them little or nothing, and disrespecting the author’s artistic vision routinely.
  • Lowering the production budget, knowing that the bad quality can be compensated with aggressive advertisement.
  • Only authorizing distributors that accept their terms, only for a limited time, and sometimes only if they guarantee minimal earnings; if there are no distributors in  an unprofitable region, bad for them.
  • Demanding drastic measures to stores to prevent “content leaking”.
  • Cutting localization budgets for the same reasons that production budgets are cut.
  • And, to finish, limiting the client with all sorts of reproduction, redistribution and derivation restrictions.

In the end, the manager is over-controlling, and has only been tolerated because, historically, it has been the only road to fame. But it happens that new independent distribution methods have appeared, such that the artist can manage several of the steps on its own, and so the historical manager’s now superfluous.

  • The artists can become their own producers and assure that their artistic vision will be kept.
  • They can use free distribution and advertisement services, that don’t restrict the work geographically.
  • They can make their own digital stores, or managing their sales in others stores, digital or physical, that are not under the exclusive control of managers.
  • They can commission their fans to translate their works, as they do today in a para-legal form.
  • And, most importantly, they can have a deep relationship, not with clients, but with fans.

Managers promise fame and fortune, and rarely do they accomplish their promises. Now that it’s finally viable, it’s time for art to start self-managing.

El gestor sale sobrando

Estándar

English: The manager’s superfluous

A todo artista o grupo de mediana fama le han de haber enseñado sobre el método usual de distribución, es decir, mediante un gestor. En ese sistema hay seis o siete partes:

  • El autor o grupo.
  • La producción, que se encarga de crear la obra; puede ser un estudio de grabación, de cine, de animación, postproducción, etcétera.
  • El gestor, quien, nominalmente, se encarga de gestionar a las demás partes para que la obra llegue a su destino.
  • El distribuidor, que como el nombre indica, distribuye la obra, sea grabándola en formato físico, o poniendo los servidores de descarga digital.
  • La tienda, digital o física.
  • El cliente.
  • Dependiendo del mercado, el localizador, que traduce la obra y ocasionalmente la adapta para el mercado de destino. Curiosamente la música casi nunca es traducida.

Pues bien, hay un pequeño gran problema, y es que el gestor suele recortar gastos para aumentar sus ganancias:

  • Obliga a los artistas a firmar contratos donde ceden sus derechos, suele pagarles poco o nada, e irrespeta la visión artística de los autores en forma rutinaria.
  • Rebaja el presupuesto de producción, sabiendo que puede compensar la mala calidad con publicidad agresiva.
  • Sólo autoriza distribuidores que acepten sus términos, sólo por tiempo limitado, y a veces sólo si garantizan ganancias mínimas; si no hay distribuidores en una región poco rentable, mal por ellos.
  • Exige a las tiendas medidas drásticas para evitar “filtraciones de contenido”.
  • Recorta presupuestos de traducción por las mismas razones por las que recorta presupuestos de producción.
  • Y, para terminar, limita al cliente con todo tipo de restricciones de reproducción, redistribución y derivación.

En fin, el gestor es sobrecontrolador, y sólo ha sido tolerado porque, históricamente, es el único camino a la fama. Pero resulta que han surgido nuevos medios independientes de distribución, tales que el artista puede gestionar varios pasos por su cuenta, por lo que el gestor histórico sale sobrando.

  • Puede volverse su propio productor y asegurarse de mantener su visión artística.
  • Puede usar servicios gratuitos de distribución y publicidad, que no restrinjan geográficamente la obra.
  • Puede montar su propia tienda digital, o gestionar su venta en otras tiendas, digitales o físicas, que no estén bajo control exclusivo de gestores.
  • Puede encargar a aficionados la traducción de la obra, como lo hacen hoy día de forma para-legal.
  • Y, lo más importante, puede tener una relación profunda, no con los clientes, sino con los aficionados.

Los gestores prometen fama y fortuna, y rara vez cumplen sus promesas. Ahora que por fin es viable, es hora de que el arte empiece a autogestionarse.