GamerGate: por qué prefiero no tomar un bando

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El pleito de GamerGate… cuánto se ha escrito ya y cuánto hay por comentar al respecto. Por un lado, el equipo que aboga por eliminar la influencia de las grandes compañías en las reseñas de videojuegos; por el otro, el equipo que aboga por mayor inclusividad en el mundo de los videojuegos. Si fuera tan sencillo como eso, pero es mucho más profundo.

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Más ideas por un lenguaje menos discriminatorio

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Muchos sectores se quejan de que el idioma está cargado de expresiones que, por el uso, no notamos que perpetúan estereotipos que deberían ser abolidos. Ni siquiera otras medidas para paliar estos yerros de la costumbre han tenido un efecto totalmente positivo: el lenguaje inclusivo reduplicativo, por ejemplo, lejos de reducir la brecha entre hombres y mujeres, acaba por reconocerla y validarla como una división legítima entre iguales. ¿Pero es posible hacer tal cosa como un idioma no discriminatorio sin recurrir a inventar reglas (como una vez propuse)? Tal vez no del todo, pero por algo se puede empezar.

Quizás las medidas más prometedoras al respecto son el movimiento Persona Primero y la definición de Diversidad Funcional. El primero prefiere que el idioma enfatice la humanidad de la persona en vez de los “problemas“ (definidos como tales por el punto de vista social imperante) que esta pueda tener; por ejemplo, lo que hoy se denomina “ciego“ se convierte en una “persona con problemas de la vista“. Asimismo, este sistema idiomático se deshace del sexismo, ya que el concepto de persona no implica que esta sea hombre o mujer, joven o adulta, ni ningún otro tipo de discriminación: “los trabajadores y las trabajadoras“ se unen en un grupo homogéneo de personas trabajadoras. Sin embargo, este lenguaje implica que el “problema“ (nuevamente, definido como tal por la mayoría) es algo indeseable y discriminable. Acá entra el concepto de diversidad funcional. Este término se usa como reemplazo no discriminatorio de vocablos como “discapacidad“ o “enfermedad“, que meramente señala su diferencia con respecto a la persona promedio, sin señalar si dicha diferencia es considerada normativamente como “positiva“ o “negativa“. Es vital señalar que, para lograr este objetivo, el vocabulario diversocéntrico debe ser intencionalmente vago con respecto al tipo de diversidad de la persona, especificándolo exclusivamente con fines de tratamiento médico, psicológico o de otro tipo.

Así, tomando y extendiendo estos conceptos, se pueden redefinir múltiples estereotipos en un modelo de la diversidad, en que cada categoría cubre tanto la diversidad socialmente considerada “positiva“, como la “negativa“. Así, tanto la persona atlética como la discapacitada pasan a ser ambas personas con diversidad funcional. El primer promedio de la universidad y la persona con “discapacidad mental“ (una y otra reducidas a la capacidad innata de su cerebro, limitadas por el idioma a superar las supuestas limitantes de su cuerpo) son ahora personas con diversidad cognitiva. Ya no se hablará de infantes y adultos, ni de adultos mayores y menores de edad, porque comparar es discriminar; ahora son personas, no de la baja, media y alta, sino de la primera, segunda y tercera edad, definidos por su orden cronológico, o mejor aún, junto con altos y bajos, gordos y flacos, musculosos y escuálidos, son simplemente personas con diversidad de desarrollo. Pobres y ricos, figuras de autoridad y subordinados, personas estudiosas y con acceso limitado a la educación, son personas con diversidad de recursos. Heterosexuales y personas LGBTQIA, casadas, solteras y en unión libre, monógamas o poliamóricas, y de todas las identidades de género, forman todas el grupo de personas con diversidad sentimental y de identidad; en esta última van las diversas culturas y subculturas, indistintamente de su ideología. Las personas religiosas y arreligiosas tienen diversidad de culto. Las personas constatadas socialmente como moralmente rectas y las consideradas perversas o criminales, hayan perdido o no su libertad, se consideran personas con diversidad ética. Y por último, ya que lo correcto y lo incorrecto son relativos a la persona y a la sociedad en que vive, el “bien“ y el “mal“ se definen, como se ha insistido en este artículo, como comportamientos normativos o no normativos para la sociedad en la que la persona o su interlocutor viven, respectivamente.

Sin embargo, hasta esta terminología tiene un defecto, pero no puede ser salvado sin que antes haya un cambio social. El hecho de que sea siquiera necesario señalar que existen diversidades implica que las oportunidades son distintas para cada persona, dependiendo de sus características. Debe, pues, llegar el día en que solamente importe hablar de personas, a secas, donde la diversidad exista pero sea irrelevante, y donde cada persona tenga idénticas oportunidades. Es un sueño, se dirá, pero muchas cadenas han sido tejidas por ignorancia a causa del idioma. ¿Hasta dónde podrá llegar esta ideología?

Caída Libre: una obra para imaginar

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Caída Libre es una obra un poco difícil de describir. Para empezar, puede decirse que se compone de tres obras independientes, pero estrechamente relacionadas: una serie de cuentos cortos, un EP musical, y la última en salir, el corto cinematográfico. Todas cuentan una faceta de la historia de un niño: Ramón, un escolar cualquiera de nuestra Costa Rica, que tiene el sueño de convertirse en un astronauta. Pero es un sueño que tiene todo en contra. Su padre los dejó y se fue del país, dejando solamente pensiones alimenticias y tarjetas de felicitación como recuerdo. En la escuela, está decididamente en el piso de la cadena de mando que forman los matones de la clase. Y su sueño es considerado por todo el mundo como una gran pérdida de tiempo. ¡No hay campo para dos astronautas costarricenses en este mundo! ¿O sí?

El gran evento alrededor del cual giran todas las partes es la forma en que Ramón intenta cumplir su sueño. Una noche de tantas, mientras nadie miraba, se escabulló a la piscina del barrio, para experimentar bajo el agua la ingravidez del espacio. ¡Por algo se empieza! Pero, de repente, la obra toma un giro real-maravilloso, cuando una aparición inesperada sorprende al niño…

El final de todas las partes es muy abierto, y acá entra otra de las grandes curiosidades de la obra. Esta es la primera obra multi-medio, que me conste, que se realiza en nuestro país bajo licencia libre (CC-By para ser más precisos). Es un gran avance que hayan subido muchas de las fuentes del proyecto en línea. Y con eso quiero decir guiones, tomas en bruto, tomas tras post-producción (aunque dudo que haya sido editada con software y formatos libres, pero es un avance), e incluso el presupuesto y papeleo legal. ¿Por qué tomarse la molestia? Porque el objetivo de la obra, el cuarto gran componente del proyecto si se quiere, es que cada persona que lo desee se base en esta historia para terminarla. Admiro que la autora, Andrea Morales, está muy consciente de la esencia de la cultura libre. Y ambos esperamos que alguien publique su propia versión del final, algún día… ¿tal vez el lector de estas palabras quiera resolver el misterio?

Licencias no libres en Creative Commons: a favor y en contra

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Durante las últimas semanas, se ha estado discutiendo la creación de la última generación de licencias Creative Commons (4.0), con el fin de ajustarse a la realidad internacional. Uno de los temas más polémicos ha sido la propuesta de eliminar las licencias con restricciones para uso comercial (NC) y obras derivadas (ND). Los argumentos a favor y en contra han sido intensos. Aunque me declaro opositor acérrimo de dichos términos de licencia (que, entre otras cosas, han hecho que prácticamente no exista arte libre en Costa Rica), expondré ambos lados del argumento. Es más: para darles ventaja, empezaré por las razones dadas por los opositores al retiro.

  1. Creative Commons es una herramienta de licenciamiento, y no una ideología. Los términos de licencia están diseñados para cubrir los casos de uso más comunes entre autores. Empujar a dichos autores a preferir una licencia dada no es labor de la fundación.
  2. Remover licencias causaría una disminución en la cantidad de obras bajo licencia Creative Commons. Una cantidad considerable de artistas no están en disposición de compartir sus obras a menos que se garantice que no serán modificadas, o usadas con fines comerciales. Si se eliminaran esas opciones de las licencias Creative Commons, los artistas dejarían de compartir esas obras del todo en vez de mudarse a una licencia más libre.

Ahora bien, del lado de los que están a favor del retiro, las razones son algo más amplias:

  1. Las licencias libres y no libres son mutuamente incompatibles. Las licencias libres precisan que las obras, originales o derivadas, sean libremente usadas y modificadas, sin discriminación al fin del uso. Los términos de licencia NC y ND son incompatibles con este tipo de licencias. Esta situación genera conjuntos mutuamente excluyentes de obras, incluso entre obras del mismo autor, que confunden a quienes quieren aprovecharlas y causan quebraderos de cabeza a quienes buscan recursos libres.
  2. Las licencias no libres a menudo son usadas por desconocimiento. No son pocos los artistas que confunden uso comercial con uso corporativo, y a menudo no conocen las implicaciones de compatibilidad que tiene usar una licencia no libre en sus obras. Además, el hecho de que la mayoría de sitios que usan licencias Creative Commons no recomienden a los usuarios las ventajas ideológicas de las licencias libres sobre las no libres, causa que los usuarios se decanten por usar licencias restrictivas.
  3. Las licencias libres evitan los usos corporativos, mientras promueven los usos comerciales no corporativos. La licencia Compartir Igual (SA) requiere que todas las obras derivadas, y todas las que se mezclen con la obra, tengan igual licencia, lo que impide mezclarlas con obras con todos los derechos reservados. Esto impide el uso corporativo, mientras mantiene los usos comerciales no corporativos: sitios mantenidos con anuncios, eventos y locales comerciales, e incluso venta al mayoreo, que lejos de causar pérdidas considerables al artista, le sirven como medios de promoción.
  4. Las licencias libres ya cubren la protección de los derechos morales. Impedir obras derivadas para impedir la modificación dolosa de la obra, o la atribución errónea, se vuelve innecesario porque las licencias libres protegen los derechos morales del autor, impidiendo específicamente dichos abusos mientras se permiten obras derivadas que no afecten el patrimonio moral del autor.
  5. Creative Commons sí debería tomar partido respecto a la cultura libre. Las licencias Creative Commons son un paso hacia una cultura de compartir. Eventualmente llegará el momento en que las restricciones para compartir se vuelvan inaceptables. Creative Commons debería promover activamente que los artistas prefieran las licencias libres, salvo en casos especiales, y que las licencias antiguas sean retiradas o movidas a un proyecto distinto al de Creative Commons.

Ahora bien, esta es una lista incompleta. Posiblemente los que están en contra del retiro tengan más argumentos de los que no haya tenido noticia. O alguno de los argumentos pueda ser demostrado como falso. Para eso está la sección de comentarios.

Difuso – una historia distópica

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Nota: A solicitud del concurso, esta entrada ha sido escrita primeramente en idioma inglés.

English language version available here.


Difuso

Una historia distópica

CC-BY-SA Carlos Solís. Derechos mayoritariamente invertidos. Se puede solicitar una licencia más liberal.

Esta obra tomó parte del Future of Copyright Contest.


Vera Ruthenford no es una ciudadana ordinaria.

Ella es capaz de ver personas donde otros ven borroso.

Ella es capaz de oír ruido donde otros oyen silencio.

Ella es capaz de percibir la verdad. Continuar leyendo

El gestor sale sobrando

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English: The manager’s superfluous

A todo artista o grupo de mediana fama le han de haber enseñado sobre el método usual de distribución, es decir, mediante un gestor. En ese sistema hay seis o siete partes:

  • El autor o grupo.
  • La producción, que se encarga de crear la obra; puede ser un estudio de grabación, de cine, de animación, postproducción, etcétera.
  • El gestor, quien, nominalmente, se encarga de gestionar a las demás partes para que la obra llegue a su destino.
  • El distribuidor, que como el nombre indica, distribuye la obra, sea grabándola en formato físico, o poniendo los servidores de descarga digital.
  • La tienda, digital o física.
  • El cliente.
  • Dependiendo del mercado, el localizador, que traduce la obra y ocasionalmente la adapta para el mercado de destino. Curiosamente la música casi nunca es traducida.

Pues bien, hay un pequeño gran problema, y es que el gestor suele recortar gastos para aumentar sus ganancias:

  • Obliga a los artistas a firmar contratos donde ceden sus derechos, suele pagarles poco o nada, e irrespeta la visión artística de los autores en forma rutinaria.
  • Rebaja el presupuesto de producción, sabiendo que puede compensar la mala calidad con publicidad agresiva.
  • Sólo autoriza distribuidores que acepten sus términos, sólo por tiempo limitado, y a veces sólo si garantizan ganancias mínimas; si no hay distribuidores en una región poco rentable, mal por ellos.
  • Exige a las tiendas medidas drásticas para evitar “filtraciones de contenido”.
  • Recorta presupuestos de traducción por las mismas razones por las que recorta presupuestos de producción.
  • Y, para terminar, limita al cliente con todo tipo de restricciones de reproducción, redistribución y derivación.

En fin, el gestor es sobrecontrolador, y sólo ha sido tolerado porque, históricamente, es el único camino a la fama. Pero resulta que han surgido nuevos medios independientes de distribución, tales que el artista puede gestionar varios pasos por su cuenta, por lo que el gestor histórico sale sobrando.

  • Puede volverse su propio productor y asegurarse de mantener su visión artística.
  • Puede usar servicios gratuitos de distribución y publicidad, que no restrinjan geográficamente la obra.
  • Puede montar su propia tienda digital, o gestionar su venta en otras tiendas, digitales o físicas, que no estén bajo control exclusivo de gestores.
  • Puede encargar a aficionados la traducción de la obra, como lo hacen hoy día de forma para-legal.
  • Y, lo más importante, puede tener una relación profunda, no con los clientes, sino con los aficionados.

Los gestores prometen fama y fortuna, y rara vez cumplen sus promesas. Ahora que por fin es viable, es hora de que el arte empiece a autogestionarse.

Los varios niveles del Marzo Negro

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English: The several levels of Black March

Also available at Diaspora

Espero que ya se hayan enterado de la iniciativa del Marzo Negro. Para los que no, recapitularé rápidamente: el grupo semi-clandestino Anonymous planea boicotear el próximo marzo a las llamadas “industrias de contenido”, es decir, a los creadores y proveedores de entretenimiento, sea música, cine, libros, etcétera. Sin embargo, las diversas facciones del grupo y sus aliados se han dividido en dos niveles de boicoteo: uno, el boicoteo meramente económico, y el otro, un boicoteo más ideológico.

Nivel 1: boicoteo económico

  • No comprar discos, libros, películas, programas, juegos, entradas a conciertos, partidos o eventos, etcétera
  • De ser posible, desuscribirse al menos temporalmente de los servicios pagos de entretenimiento (periódico, cable, streaming, etc.)

Este nivel es el que originalmente propuso Anonymous. Desafortunadamente, quedarse en ese nivel tendría un impacto casi nulo: la gente que apoya a los sitios de descargas (como Megaupload) y los servicios de torrent, ya no realiza ninguna de las acciones anteriormente dichas. Es por eso que varias voces han propuesto el segundo nivel.

Nivel 2: boicoteo ideológico

  • Abstenerse de descargar, reproducir o utilizar discos, libros, películas, juegos, programas, etcétera, sea en forma legal o ilegal
  • Abstenerse de visitar sitios de streaming gratuito (ej. YouTube, GrooveShark, etcétera)
  • No asistir a eventos gratuitos
  • Abstenerse de acceder a sitios cuyo contenido tenga derechos de autor (incluyendo periódicos y sitios de opinión)
  • De ser posible, guardar receptores como el televisor y la radio
  • De ser posible, sustituir todos los programas con copyright por alternativas libres (incluyendo especialmente el sistema operativo)

Este nivel es un mundo de diferencia con respecto al anterior. Más que nada porque, en apariencia, implica privarse de todo tipo de entretenimiento durante un mes completo. Nadie espera que una mayoría realice semejante sacrificio… porque no es necesario.

¿Ha oído alguien acerca de la cultura copyleft? Originalmente se aplicó a programas, gracias a los cuales surgieron sistemas operativos como el GNU OS y/o el Linux, pero luego se extendió a todo tipo de aplicaciones y por último a la cultura. Por ejemplo, varios de los artistas que publican sus obras bajo licencia Creative Commons (aunque de paso advierto que no todos por ciertas razones). Hay buena y mucha música, buen cine (aunque no tanto, de momento), y buenos libros bajo licencia libre en este momento.

Bien, ahora al punto. He estado recopilando personalmente una larga lista de música, cine y libros, todos libres para ser redistribuidos y readaptados sin más restricción que mantener esas libertades. Si pudiera contactarme con algún alto mando de Anonymous, o por lo menos con los administradores de sitios de torrents y descargas, para que por ese mes cambiaran sus enlaces por pura cultura libre cuidadosamente recopilada, entonces causaríamos un movimiento jamás antes visto.

Un mes completo donde los internautas descubrirán que no toda obra tiene restricciones. Un mes donde la cultura libre será fortalecida. Un mes donde, quién quita, la gente se anime a liberar sus propias obras.

Un mes donde el impacto que esperaba Anonymous del Marzo Negro pasará de menguarle pobremente los recursos a los tercos titanes del entretenimiento, que sueñan con un mundo en que las ideas estén en un archipiélago de mil pilares alejados, a quitarle la venda de los ojos a miles, millones de internautas que descubrirán un nuevo modo de ser, tener, y hacer cultura, un sistema más democrático, más razonable.

Y eso es un mundo de diferencia.