De la Fundación Mozilla y la presión de pares

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Hace poco, la fundación Mozilla, creadora del navegador de código abierto Firefox, hizo noticia al declarar que dicho navegador contendría la opción de utilizar un añadido para darle compatibilidad con EME, el standard de restricción anticopia (DRM) que ya es utilizado por Internet Explorer y Google Chrome. El agregado, evidentemente de código cerrado, será desarrollado por Adobe, el creador de Flash, que de hecho está descontinuado en Firefox para (GNU+)Linux desde hace tiempo. Evidentemente muchos han condenado la decisión, considerándolo una traición a los logros que ha buscado Mozilla a través de los años. Sin embargo, hay una razón por la que denomino a Firefox como “código abierto” en vez de “software libre”, y es porque esta no es la primera vez que Mozilla capitula a la presión de grupo.
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Para usar Netflix, toca pasar por caja dos veces

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Ahora que por fin tengo un salario estable, me decidí a probar qué tal es Netflix (un servicio de transmisión por Internet). Un bufete libre de series y películas, totalmente a lo legal, y apenas a 4000 colones al mes, parece una excelente idea en un principio. Eso sí, nunca aclaran que para poder verlos, toca pasar por caja dos veces. ¿Cómo es eso? Bueno, pues quienes usamos Linux como sistema operativo nos quedamos fuera de la tajada.

Primeramente, cuando se entra al sitio y se abre una película para verla, se recibe un mensaje indicando que la plataforma no es soportada. Para ver si era en serio o simplemente era falta de conocimiento de la plataforma, uso un cambiador de agente de usuario para que mi navegador apareciera como si fuera de Windows. Hasta ahí todo bien, pues paso de la pantalla, hasta que me indica que debo instalar un agregado llamado Silverlight. ¿Lo malo? El agregado es exclusivo, cómo no, para Windows. Trasteando por la red, encuentro un proyecto llamado Moonlight, que es la implementación libre de Silverlight, pero el sistema que utiliza este último para reproducir los videos propiamente dichos no está licenciado para ser usado por terceros, mucho menos bajo licencia libre. Acá es donde me topo por primera vez con el problema del DRM integrado de la plataforma. Entiendo que no quieran las empresas que les bajen las películas a diestra y siniestra, pero ya verán por qué les digo que se pasan de la raya.

Bueno, con Silverlight no se podrá, pero al menos me quedan dos alternativas. Una, el HTML5 de toda la vida con un sistema DRM (no standard, y espero que así siga) llamado EME. Algunos navegadores, como Chrome, ya lo han implementado, así que bajo la versión beta, activo el EME, instalo el web-app, y… nada, aún me marca como incompatible. (Al parecer solamente sirve en el Chromebook, un sistema operativo basado en Chrome, y no se puede instalar en mi computadora.) Bueno, entonces tengo la segunda opción, que es usar la aplicación para Android. Bajo el emulador de Genymotion, lo instalo, le meto la app, reproduzco un video y… una gloriosa pantalla en negro es lo único que aparece. Al menos sí se oía el audio, y los programadores de Genymotion planean arreglar ese error algún día, pero a como está la cosa, lo dudo mucho.

Así que al final, me tocó sacar la laptop que aún tenía un vetusto Windows XP instalado y reproducir desde ahí. Por eso digo que toca pagar dos veces: quienes no tengan Windows, pues les tocará pagar por Windows (o por una tablet con Android que tenga salida HDMI). Con razón la FSF llamaba a boicotear a Netflix: es literalmente un producto inutilizable con software libre. Y todo por la paranoia de que los clientes se pongan a, digamos, respaldar las películas que miran. Me quedaré el mes de prueba, a ver si el emulador de Android sirve, o si por fin soporta Chrome para Linux. Y si no…

Las restricciones más incómodas que ha causado el copyright

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¡Cuántas formas han inventado las empresas de creaciones intelectuales para restringir a sus clientes! Software, películas, libros, música, todos sin excepción no han dudado en su momento en complicarle la vida a sus clientes para defender sus ganancias. Aparte de la obvia prohibición de sacarle copias a un libro/álbum/película/etcétera, aquí va un listado de las restricciones más incómodas que se les han ocurrido (y conste, que nos limitamos al copyright y ni siquiera hablamos de los pleitos por patentes y marcas registradas):

  • EULA/CLUF: La base legal de los demás, en cierta forma. “Al abrir este sobre/comprar este libro/pulsar el botón de aceptar, Ud. indica la aceptación de los términos de esta licencia”, la cual puede incluir todo tipo de restricciones, incluso más allá de las legales.
  • Compra de licencia: Alias “Este programa es licenciado, no vendido” o “El porte pagado por este álbum/libro/filme no autoriza al cliente a” …una larga lista de cosas, incluyendo su reproducción o presentación en público. El dinero del cliente le compra el derecho a reproducir la obra a solas y poco más.
  • DRM: Quizá el caso más famoso de todos. En buena teoría, son las siglas en inglés de “Manejo de Derechos Digitales”, aunque más bien son los derechos del vendedor; para el cliente es más bien un Gestor de Restricciones Digitales. Obligar al usuario a reproducir el archivo por el que pagó a través un programa específicamente diseñado para impidirle copiar el archivo a otra parte, y en el peor de los casos hacerlo pagar de nuevo si el archivo es borrado (incluso por la propia compañía), armó un pleito bastante predecible, tras el cual DRM se retiró en algunas tiendas digitales de música. Sin embargo, aún así sigue siendo de uso corriente.
  • DLC en disco: Parecido al DRM, pero en videojuegos. El “contenido adicional” del juego (modos de juego, escenarios, o peor aún, el verdadero final del juego) ya está programado y en el disco, pero hay que pagar para desbloquearlo. ¡Ah!, y la compra es intransferible como buen DRM que es.
  • Restricciones geográficas: No sólo por capricho del autor, o por no hallar un mercado rentable en una región, puede volverse literalmente ilegal ver o importar una serie mientras se resida en un país dado. Puede que, además de eso, un programa de DRM se encargue de cumplir con dicha restricción, como el caso de las zonas de los DVDs.
  • Restricción de préstamo: Incluso antes del DRM, que explícitamente impide prestar obras, varios libros tenían una cláusula (cortesía del EULA/CLUF implícitamente aceptado al comprar el libro) que obligaba al cliente a nunca prestar o ceder el libro a otra persona.
  • Canon de copia: Hay países donde la copia privada se tolera, pero ocasionalmente se exige una compensación monetaria por ello. El problema es que, en buena parte de los casos, dicho canon se aplica a, literalmente, todo artefacto capaz de copiar, desde impresoras hasta tarjetas de memoria, e indistintamente de si se usan para copiar obras con copyright o no.

Estas restricciones, junto con la extensión retroactiva del derecho de autor, se nos imponen unilateralmente. Las compañías que se benefician de ello usan su influencia para pedir más restricciones, que aumentan su control, y así se meten en una suerte de círculo vicioso. ¿Lo peor? Su siguiente petición implica violar derechos fundamentales: básicamente consiste en vigilar permanentemente a cada usuario de la red para que no comparta del todo. Tendrán sus buenas razones para haber hecho todas las anteriores, pero ahora que están a punto de quitarnos el derecho a la privacidad, ¿no creen que ya llegaron suficientemente lejos?