Acabo de sacar (el boceto de) una novela ligera

Estándar

English: I’ve just released (the draft of) a light novel

Todo empezó un primero de noviembre, cuando me enteré del Mes Nacional de Escritura de Novelas de los Estados Unidos (NaNoWriMo, por sus siglas en inglés), en que retan a la gente a escribir una novela de 50.000 palabras durante ese mes. Yo tenía una idea en la cabeza, madurando durante varios años, y aunque había hecho varios intentos antes, los había dejado abandonados. La idea era sacar una historieta al estilo japonés. Pero primero, aprendiendo de la experiencia de varias series, tenía que escribir la historia. ¿Y qué mejor forma de hacerlo que con una novela ligera?

Continuar leyendo

Carta abierta a una distribuidora

Estándar

Estimada empresa de distribución: Por la presente solicito respetuosamente comentarles acerca de los temores que tienen los fanáticos de cierta serie de alto calibre con respecto a la película de la misma que será lanzada en nuestras tierras, mediante la intervención de su empresa, en el último trimestre de este año. Sepan disculpar el hecho de que no me refiera a las cosas por su nombre, pero pronto será evidente que hay razones de peso para ello. No planeo llamar a un veto a los fanáticos, como muchos han decidido, ni reclamar sus decisiones empresariales, sino simplemente hacerles una consulta básica.

Continuar leyendo

Smartphones y su OS: ¿qué impacto tiene el rendimiento nativo?

Estándar

Por más libreculturista que sea, debo admitir que la gente de la manzana tiene una ventaja importantísima sobre Android: rendimiento nativo. ¿Y eso con qué se come?, preguntará el novato. ¿Eso en qué afecta a mi teléfono? ¿Y se podrá hacer algo al respecto?
Continuar leyendo

Para usar Netflix, toca pasar por caja dos veces

Estándar

Ahora que por fin tengo un salario estable, me decidí a probar qué tal es Netflix (un servicio de transmisión por Internet). Un bufete libre de series y películas, totalmente a lo legal, y apenas a 4000 colones al mes, parece una excelente idea en un principio. Eso sí, nunca aclaran que para poder verlos, toca pasar por caja dos veces. ¿Cómo es eso? Bueno, pues quienes usamos Linux como sistema operativo nos quedamos fuera de la tajada.

Primeramente, cuando se entra al sitio y se abre una película para verla, se recibe un mensaje indicando que la plataforma no es soportada. Para ver si era en serio o simplemente era falta de conocimiento de la plataforma, uso un cambiador de agente de usuario para que mi navegador apareciera como si fuera de Windows. Hasta ahí todo bien, pues paso de la pantalla, hasta que me indica que debo instalar un agregado llamado Silverlight. ¿Lo malo? El agregado es exclusivo, cómo no, para Windows. Trasteando por la red, encuentro un proyecto llamado Moonlight, que es la implementación libre de Silverlight, pero el sistema que utiliza este último para reproducir los videos propiamente dichos no está licenciado para ser usado por terceros, mucho menos bajo licencia libre. Acá es donde me topo por primera vez con el problema del DRM integrado de la plataforma. Entiendo que no quieran las empresas que les bajen las películas a diestra y siniestra, pero ya verán por qué les digo que se pasan de la raya.

Bueno, con Silverlight no se podrá, pero al menos me quedan dos alternativas. Una, el HTML5 de toda la vida con un sistema DRM (no standard, y espero que así siga) llamado EME. Algunos navegadores, como Chrome, ya lo han implementado, así que bajo la versión beta, activo el EME, instalo el web-app, y… nada, aún me marca como incompatible. (Al parecer solamente sirve en el Chromebook, un sistema operativo basado en Chrome, y no se puede instalar en mi computadora.) Bueno, entonces tengo la segunda opción, que es usar la aplicación para Android. Bajo el emulador de Genymotion, lo instalo, le meto la app, reproduzco un video y… una gloriosa pantalla en negro es lo único que aparece. Al menos sí se oía el audio, y los programadores de Genymotion planean arreglar ese error algún día, pero a como está la cosa, lo dudo mucho.

Así que al final, me tocó sacar la laptop que aún tenía un vetusto Windows XP instalado y reproducir desde ahí. Por eso digo que toca pagar dos veces: quienes no tengan Windows, pues les tocará pagar por Windows (o por una tablet con Android que tenga salida HDMI). Con razón la FSF llamaba a boicotear a Netflix: es literalmente un producto inutilizable con software libre. Y todo por la paranoia de que los clientes se pongan a, digamos, respaldar las películas que miran. Me quedaré el mes de prueba, a ver si el emulador de Android sirve, o si por fin soporta Chrome para Linux. Y si no…

Doblaje costarricense: ¿por qué no lo habían pensado antes?

Estándar

Como lo he indicado en entradas anteriores, soy un fanático del buen doblaje (y también del doblaje aficionado). Y siempre me he preguntado por qué, habiendo empresas dedicadas a la traducción y adaptación de multimedia en lugares tan dispares como México, Venezuela, Colombia, Chile y Argentina, a nadie se le hubiera ocurrido que pusieran un estudio acá, en Costa Rica. Y no lo digo por mero nacionalismo, sino porque, en serio, es una excelente idea de negocio.

Continuar leyendo

Una crítica al modelo «freemium»: El caso del «juego tarea»

Estándar

Toda persona que haya navegado por las redes sociales del momento habrá percibido, al menos una vez, lo que bien podría ser una de las peores cosas que haya sucedido en la historia de la red de redes. Hablo específicamente del «juego tarea», o choregame en inglés. Sí, es un término que inventé, pero describe muy apropiadamente la mecánica de esos juegos para red social (y ocasionalmente para teléfonos móviles) que buscan desesperadamente atraer una base de usuarios mediante los métodos más engañosos para estos. Continuar leyendo

Más ideas por un lenguaje menos discriminatorio

Estándar

Muchos sectores se quejan de que el idioma está cargado de expresiones que, por el uso, no notamos que perpetúan estereotipos que deberían ser abolidos. Ni siquiera otras medidas para paliar estos yerros de la costumbre han tenido un efecto totalmente positivo: el lenguaje inclusivo reduplicativo, por ejemplo, lejos de reducir la brecha entre hombres y mujeres, acaba por reconocerla y validarla como una división legítima entre iguales. ¿Pero es posible hacer tal cosa como un idioma no discriminatorio sin recurrir a inventar reglas (como una vez propuse)? Tal vez no del todo, pero por algo se puede empezar.

Quizás las medidas más prometedoras al respecto son el movimiento Persona Primero y la definición de Diversidad Funcional. El primero prefiere que el idioma enfatice la humanidad de la persona en vez de los “problemas“ (definidos como tales por el punto de vista social imperante) que esta pueda tener; por ejemplo, lo que hoy se denomina “ciego“ se convierte en una “persona con problemas de la vista“. Asimismo, este sistema idiomático se deshace del sexismo, ya que el concepto de persona no implica que esta sea hombre o mujer, joven o adulta, ni ningún otro tipo de discriminación: “los trabajadores y las trabajadoras“ se unen en un grupo homogéneo de personas trabajadoras. Sin embargo, este lenguaje implica que el “problema“ (nuevamente, definido como tal por la mayoría) es algo indeseable y discriminable. Acá entra el concepto de diversidad funcional. Este término se usa como reemplazo no discriminatorio de vocablos como “discapacidad“ o “enfermedad“, que meramente señala su diferencia con respecto a la persona promedio, sin señalar si dicha diferencia es considerada normativamente como “positiva“ o “negativa“. Es vital señalar que, para lograr este objetivo, el vocabulario diversocéntrico debe ser intencionalmente vago con respecto al tipo de diversidad de la persona, especificándolo exclusivamente con fines de tratamiento médico, psicológico o de otro tipo.

Así, tomando y extendiendo estos conceptos, se pueden redefinir múltiples estereotipos en un modelo de la diversidad, en que cada categoría cubre tanto la diversidad socialmente considerada “positiva“, como la “negativa“. Así, tanto la persona atlética como la discapacitada pasan a ser ambas personas con diversidad funcional. El primer promedio de la universidad y la persona con “discapacidad mental“ (una y otra reducidas a la capacidad innata de su cerebro, limitadas por el idioma a superar las supuestas limitantes de su cuerpo) son ahora personas con diversidad cognitiva. Ya no se hablará de infantes y adultos, ni de adultos mayores y menores de edad, porque comparar es discriminar; ahora son personas, no de la baja, media y alta, sino de la primera, segunda y tercera edad, definidos por su orden cronológico, o mejor aún, junto con altos y bajos, gordos y flacos, musculosos y escuálidos, son simplemente personas con diversidad de desarrollo. Pobres y ricos, figuras de autoridad y subordinados, personas estudiosas y con acceso limitado a la educación, son personas con diversidad de recursos. Heterosexuales y personas LGBTQIA, casadas, solteras y en unión libre, monógamas o poliamóricas, y de todas las identidades de género, forman todas el grupo de personas con diversidad sentimental y de identidad; en esta última van las diversas culturas y subculturas, indistintamente de su ideología. Las personas religiosas y arreligiosas tienen diversidad de culto. Las personas constatadas socialmente como moralmente rectas y las consideradas perversas o criminales, hayan perdido o no su libertad, se consideran personas con diversidad ética. Y por último, ya que lo correcto y lo incorrecto son relativos a la persona y a la sociedad en que vive, el “bien“ y el “mal“ se definen, como se ha insistido en este artículo, como comportamientos normativos o no normativos para la sociedad en la que la persona o su interlocutor viven, respectivamente.

Sin embargo, hasta esta terminología tiene un defecto, pero no puede ser salvado sin que antes haya un cambio social. El hecho de que sea siquiera necesario señalar que existen diversidades implica que las oportunidades son distintas para cada persona, dependiendo de sus características. Debe, pues, llegar el día en que solamente importe hablar de personas, a secas, donde la diversidad exista pero sea irrelevante, y donde cada persona tenga idénticas oportunidades. Es un sueño, se dirá, pero muchas cadenas han sido tejidas por ignorancia a causa del idioma. ¿Hasta dónde podrá llegar esta ideología?

Caída Libre: una obra para imaginar

Estándar

Caída Libre es una obra un poco difícil de describir. Para empezar, puede decirse que se compone de tres obras independientes, pero estrechamente relacionadas: una serie de cuentos cortos, un EP musical, y la última en salir, el corto cinematográfico. Todas cuentan una faceta de la historia de un niño: Ramón, un escolar cualquiera de nuestra Costa Rica, que tiene el sueño de convertirse en un astronauta. Pero es un sueño que tiene todo en contra. Su padre los dejó y se fue del país, dejando solamente pensiones alimenticias y tarjetas de felicitación como recuerdo. En la escuela, está decididamente en el piso de la cadena de mando que forman los matones de la clase. Y su sueño es considerado por todo el mundo como una gran pérdida de tiempo. ¡No hay campo para dos astronautas costarricenses en este mundo! ¿O sí?

El gran evento alrededor del cual giran todas las partes es la forma en que Ramón intenta cumplir su sueño. Una noche de tantas, mientras nadie miraba, se escabulló a la piscina del barrio, para experimentar bajo el agua la ingravidez del espacio. ¡Por algo se empieza! Pero, de repente, la obra toma un giro real-maravilloso, cuando una aparición inesperada sorprende al niño…

El final de todas las partes es muy abierto, y acá entra otra de las grandes curiosidades de la obra. Esta es la primera obra multi-medio, que me conste, que se realiza en nuestro país bajo licencia libre (CC-By para ser más precisos). Es un gran avance que hayan subido muchas de las fuentes del proyecto en línea. Y con eso quiero decir guiones, tomas en bruto, tomas tras post-producción (aunque dudo que haya sido editada con software y formatos libres, pero es un avance), e incluso el presupuesto y papeleo legal. ¿Por qué tomarse la molestia? Porque el objetivo de la obra, el cuarto gran componente del proyecto si se quiere, es que cada persona que lo desee se base en esta historia para terminarla. Admiro que la autora, Andrea Morales, está muy consciente de la esencia de la cultura libre. Y ambos esperamos que alguien publique su propia versión del final, algún día… ¿tal vez el lector de estas palabras quiera resolver el misterio?

The manager’s superfluous

Estándar

Español: El gestor sale sobrando

Every artist or group with certain fame has surely been taught about the usual distribution method, namely through a manager. In this system, there are six or seven parts:

  • The author or group.
  • The production, which is in charge of creating the work; it can be a recording/movie/animation studio, post-production, etcetera.
  • The manager, who nominally is in charge of managing the other parts to have the work reach its destination.
  • The distributor, that, as the name implies, distributes the work, whether by recording it in a physical format, or by placing the digital download servers.
  • The store, digital or physical.
  • The client.
  • Depending on the market, the locator, who translates the work and occasionally adapts it for the target market. Curiously, music is seldom translated.

Well then, there’s a little big problem, and it’s that the manager often chops down expenditures to raise the earnings:

  • Making the artists to sign contracts where they surrender their rights, often paying them little or nothing, and disrespecting the author’s artistic vision routinely.
  • Lowering the production budget, knowing that the bad quality can be compensated with aggressive advertisement.
  • Only authorizing distributors that accept their terms, only for a limited time, and sometimes only if they guarantee minimal earnings; if there are no distributors in  an unprofitable region, bad for them.
  • Demanding drastic measures to stores to prevent «content leaking».
  • Cutting localization budgets for the same reasons that production budgets are cut.
  • And, to finish, limiting the client with all sorts of reproduction, redistribution and derivation restrictions.

In the end, the manager is over-controlling, and has only been tolerated because, historically, it has been the only road to fame. But it happens that new independent distribution methods have appeared, such that the artist can manage several of the steps on its own, and so the historical manager’s now superfluous.

  • The artists can become their own producers and assure that their artistic vision will be kept.
  • They can use free distribution and advertisement services, that don’t restrict the work geographically.
  • They can make their own digital stores, or managing their sales in others stores, digital or physical, that are not under the exclusive control of managers.
  • They can commission their fans to translate their works, as they do today in a para-legal form.
  • And, most importantly, they can have a deep relationship, not with clients, but with fans.

Managers promise fame and fortune, and rarely do they accomplish their promises. Now that it’s finally viable, it’s time for art to start self-managing.

The several levels of Black March

Estándar

Español: Los varios niveles del Marzo Negro

Hopefully you already know about the Black March initiative. For those who haven’t, I’ll recap quickly: the semi-clandestine group Anonymous plans to boycott next March the so-called «content industries», that is, the creators and providers of entertainment, whether music, movies, books, etcetera. However, the diverse factions of the group and its allies have split on two levels of boycott: one, the merely economical boycott, and the other one, a more ideological boycott.

Level 1: economical boycott

  • Not purchasing albums, books, movies, programs, games, concert/match/event tickets, etcetera
  • If possible, unsubscribing at least temporarily from pay-per-use entertainment services (newspapers, cable, streaming, etc.)

This level was the one originally proposed by Anonymous. Unfortunatel, staying at that level would have a next-to-zero impact: people who support download sites (like Megaupload) and torrent services already don’t carry out any of the before-said actions. This is why several voices have proposed the second level.

Level 2: ideological boycott

  • Refrain from downloading, playing or using albums, books, movies, games, programs, etcetera, whether legally or illegally
  • Refraining from visiting free streaming sites (e.g. YouTube, GrooveShark, etcetera)
  • Not attending free events
  • Refrain from entering sites whose content is copyrighted (including newspapers and opinion sites)
  • If possible, storing receivers like TV and radio
  • If possible, replacing all copyrighted programs with freedom-compliant alternatives (including especially the operative system)

This level has a world of difference compared with the former. Especially because, seemingly, it implies to deprive oneself of all sorts of entertainment for a whole month. Nobody expects a majority to carry on such a sacrifice… because it’s unneeded.

Has somebody heard about the copyleft culture? Originally it was applied to programs, and thanks to that several operative systems appeared, like the GNU OS and/or Linux, but then it extended to all sorts of applications and finally to the culture. For example, several of the artists who publish their works under Creative Commons licensing (although, by the way, I warn that not all of them do, for several reasons). There’s good and plenty of music, good movies (although not so many, in this moment), and good books under a freedom-compliant license in this moment.

Well, to the point. I’ve been personally compilating a long list of music, movies and books, all free to be redistributed and readapted without any further restriction besides keeping said freedoms. If I could contact a high command of Anonymous, or at least the administrators of download and torrent sites, for convincing them that, during that month, they changed their links with only free culture, carefully compiled, then we would cause a movement never seen before.

A full month where internauts would discover that not every work has restrictions. A month where free culture will be fortified. A month where, who knows, people will get animated to free their own works.

A month where the impact that Anonymous expected with the Black March will pass from meagerly decreasing the resources to the stubborn entertainment titans, who dream with a world where ideas are in an archipelago of a thousand faraway pillars, to removing the strap off the eyes of thousands, millions of internauts, who will discover a new way to be, have, and make culture, a more democratic, more reasonable system.

And that’s a world of difference.