¿La oposición son los padres?

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No, no me refiero a la etapa de la adolescencia en que la juventud se pelea con la autoridad, me refiero a que en este país, tras todos los destapes que se han hecho, hay una intensa sospecha de que la oposición es tan falsa como los Reyes Magos, Santa Claus o el Niñito. Varios importantes opositores al gobierno usan las redes sociales como nuevo medio de comunicación (en contraposición a los medios tradicionales, a menudo reservados con respecto a su crítica al oficialismo). Pero cuando se alegó que estos opositores estaban vendiéndose a la línea oficialista o, peor aún, en realidad eran “infiltrados”, cubrieron con un manto de duda a todos los medios alternativos sin excepción. Mientras unos y otros se defienden, causando por tanto acusaciones mutuamente conflictivas, esto deja al medio en general como una fuente inconfiable de su propia confiabilidad. Ni siquiera puede determinarse a ciencia cierta si este daño a la confianza fue un desafortunado efecto colateral, o un efecto cuidadosamente planificado para favorecer a uno u otro bando.

¿A qué vienen estas mutuas acusaciones de traición a la línea crítica? La gota que derramó el inodoro fue, sin duda, un artículo en que se alega que la Juventud Sandinista, de extrema izquierda y a favor de la política de expansionismo de Daniel Ortega, daba su pleno apoyo al Frente Amplio. El artículo fue escrito por un colaborador pseudónimo y ajeno a la cadena CNN, y ese hecho hizo estallar las acusaciones de campaña sucia. Luego vinieron las acusaciones de que el PLN estaba comprando perfiles en redes sociales de alto renombre (algunos inocuos, otros con una línea más crítica). Incluso el hospedaje en que tengo este blog, y varios de quienes en él publican, han salido untados en el asunto. Las acusaciones llegaron por poco a expandirse a medios de comunicación tradicionales. Pero el daño a la oposición quedó hecho.

Sea que hubiera malicia o justicia en los derechos a la respuesta publicados por casi todos los perfiles sociales, el hecho es que, de ser cierta la “campaña del terror” (que ya tuvo un precedente medianamente lejano), entonces la oposición sería una fuerza política de tal potencial de reestructuración, que el oficialismo debe frenarlo a toda costa, recurriendo incluso a la difamación. Y de ser falsa, queda la duda de que la oposición, aparentando luchar por reformar el estado, en realidad busque traicionarlo y dejárselo en bandeja de plata al ALBA o una organización similar. Si esta zozobra fue ejecutada a propósito, hay muchos que se beneficiarían de la misma en ambos lados de la balanza.

Es curioso, por cierto, que solamente el Frente Amplio sea reconocido como oposición en forma unánime por las redes sociales. El Movimiento Libertario es de derecha, y por ello muy de acuerdo con el oficialismo (aunque busca mayor liberalismo económico). El PAC es más bien centrado, y colabora con poca renuencia con quien esté en el poder. Los partidos minoritarios casi no tienen agenda política, aparte de la reivindicación de las personas diversas en el caso del PASE, y de la promoción de la ética cristocéntrica en el caso de Renovación Costarricense y similares, y por lo mismo es relativamente sencillo convencerlos de aprobar proyectos. En cuanto a partidos nuevos, el Patria Primero de José Miguel Corrales es quizás el más prominente; sin embargo tiene mucha influencia del PLN (recordemos que Corrales fue su candidato presidencial en su momento). Pero el Frente Amplio (y su primo más izquierdista, el Partido de los Trabajadores) son totalmente otra cosa. Su plan de gobierno es tremendamente distinto al oficialista (o al de los otros partidos for that matter), en cierta forma promueven el regreso del Estado Benefactor, y no tienen inconveniente en desligarse de antiguos aliados políticos de Costa Rica. Y es esto último la gran interrogante, el gran temor, la gran apuesta de la década. De ser cierta su alianza con la Juventud Sandinista, significaría no solamente que están a favor de aplicar, a mayor o menor escala, el modelo neosocialista de Venezuela o Cuba con todas las carencias que eso implicaría para el país, sino que sería casi una traición a la patria al asociarse a un grupo que quiere anexarse territorios costarricenses. Claro, ellos lo han desmentido vehementemente, pero en una época en que todos los medios están desmintiendo acusaciones mutuas, siempre queda la posibilidad de que tal desmarcamiento sea solamente una treta. En el peor de los casos, existirían tres bandos: el oficial inoperante y corrupto, el que dice ser opuesto al oficial pero en realidad está en el mismo bando (reduciendo las opciones a apenas dos), y el opositor vendepatrias, tan peligroso para la integridad de la nación que la corrupción inoperante es una alternativa tolerable.

Sobra decir que tal zozobra tendrá un efecto en el votante promedio. Ya acostumbrado a desconfiar de las propuestas de dos partidos opuestos pero esencialmente similares en accionar (PLN y PUSC antes, PLN y PAC en este momento), ahora le toca aumentar su paranoia a límites inauditos. ¿Se queda con lo que ya conoce y se arriesga a aguantar cuatro años más de pobre administración de infraestructura y recursos, o apuesta por el cambio y se arriesga a un cambio radical de ideología, un potencial aislamiento de importantes aliados económicos, o incluso una pérdida de soberanía? ¿Qué riesgo es el más aceptable? ¿Cuál de los dos lados es el mentiroso? ¿Mejor malo conocido o bueno por conocer? Si las acusaciones son ciertas, uno de los dos bandos, si no ambos, ya están abusando de dicha indecisión, maximizando los alegados riesgos de la propuesta opuesta. Y en el caso más extremo, eso hará a estas elecciones un interesante y peligroso “gallo tapado”.