Una crítica al modelo “freemium”: El caso del “juego tarea”

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Toda persona que haya navegado por las redes sociales del momento habrá percibido, al menos una vez, lo que bien podría ser una de las peores cosas que haya sucedido en la historia de la red de redes. Hablo específicamente del “juego tarea”, o choregame en inglés. Sí, es un término que inventé, pero describe muy apropiadamente la mecánica de esos juegos para red social (y ocasionalmente para teléfonos móviles) que buscan desesperadamente atraer una base de usuarios mediante los métodos más engañosos para estos.

El gran engaño del freemium

Todo empieza con una invitación a probar el juego. Tras hacer clic y cargar la pantalla de inicio, aparece un lindo mundo que promete grandes capacidades de personalización a quienes le dediquen su tiempo. He ahí el gancho, porque a partir de ahí, el cumplimiento de esa promesa se vuelve una meta cada vez más lejana. Se empieza subiendo fácilmente unos cuantos niveles hasta que, ¡oh maravilla!, se nos acaba la energía. Y para recuperar la energía, usualmente hay dos o tres opciones. La primera, darle tiempo al día siguiente, lo cual honestamente es la alternativa más sana si se compara con las siguientes. La segunda opción es solicitarle a nuestros contactos que nos envíen energía, incluso quienes aún no juegan… muy especialmente quienes no se han enganchado aún al juego. Y la tercera, usar el dinero especial del juego para recargar de inmediato. He ahí el segundo engaño, el dinero especial. Este tipo de juegos, muy a menudo, incluyen dos tipos de dinero, uno que se gana con el progreso general, y otro que solamente se consigue mediante dos métodos especiales: subir de nivel (o vencer a un jefe), o gastar dinero físico real. Sobra decir que el primer método es tardado y prácticamente inútil, ya que la mayoría de los objetos decentes requieren cifras insanas de dinero especial, las cuales, para conseguir sin gastar dinero, requieren en vez de ello gastar meses de nuestro tiempo. Y el juego a menudo demanda dinero especial muy, pero muy a menudo, incluso para el progreso más básico. En resumen, el juego no lo indica claramente, pero en la práctica es básicamente una demostración con muros de pago. Ya para entonces el jugador está enganchado al juego y le sigue dedicando su esfuerzo o, si se descuida, gasta su muy real y necesario dinero en objetos virtuales que no puede sacar del juego y no le reportan beneficio fuera de este. Esa es la triste realidad de los juegos freemium: la parte gratuita es la que atrae al jugador, y la parte premium es la más importante, pero para todos los propósitos no puede pasarse sin gastar dinero, a veces más del que costaría conseguirse un juego de paga.

El objetivo: un público cautivo

Y eso nos lleva a hablar de la parte más vil de este tipo de juegos: la adicción que procuran causar a la base de jugadores. Y esto lo logra de muchas formas. Una de ellas es ofreciendo recompensas por meterse a jugar a diario, cada día más abundantes y eventualmente llegando a ofrecer el anhelado dinero especial (pero siempre cuidando que la cantidad sea lo suficientemente baja para no brindar gran progreso). La otra es el ya mencionado método de enviar invitaciones para todo, y cuando digo todo, en serio quiero decir todo. ¿Recargar energía? Pídala a sus amistades. ¿El objeto de temporada que requiere reunir cierta cantidad de asistentes? Haga “spam” a sus amistades. ¿Realizar siquiera el progreso más básico en el juego? Ruéguele a sus… ¿amistades? ¿Y qué se hicieron?

Cómo evitar la trampa

Ah, esas usualmente bloquean preventivamente las invitaciones a este tipo de juegos, porque saben a qué tipo de trampa se irían a meter si las aceptan (a menudo por experiencia propia). Y hacer eso es definitivamente lo más recomendable. La triste realidad es que, a menos que hablemos de juegos basados en software libre y programados en el tiempo libre, no hay tal cosa como un almuerzo gratis, y los videojuegos gratuitos buscarán a toda costa ser monetizados. Y la forma más segura de hacerlo en este modelo es una base cautiva de usuarios, forzados a gastar constantemente su dinero en microtransacciones para progresar en el juego y ver su final (o, en su defecto, obtener un nivel superior al de todas las demás amistades). Por ello, con este artículo, exhorto a la gente a no apoyar la deshonestidad de este tipo de negocio con su tiempo (y menos con su dinero). Avísenle a sus amistades que no quieren más invitaciones a su granjita, que no quieren enviarles corazones ni energías ni nada por el estilo. Porque un amigo no deja que otro amigo siga con una adicción.